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Direción: Juan Manuel Villarreal H.

Fecha:2015-01-08 Por: Juan Manuel Villarreal H. | Enlace Digital

Por Juan Manuel Villarreal H.

 

Septiembre 4 de 1988

Miguel Alemán, Tamaulipas

 

Del domicilio localizadazo frente al parque deportivo México, precisamente en la colonia Educación, salió el auto Ford color blanco con vidrios ahumados.

Al volante iba Eduardo González Olivares, quien a pesar de sus 20 años, se le conocía ya como una persona decidida.

A su lado llevaba su pistola escuadra 9 milímetros.

Era casi la medianoche de aquel sábado, día en que la mayoría de los jóvenes se concentraban en el primer cuadro de la ciudad para convivir y divertirse, por lo que el auto enfiló hacia ese sector.

Durante el trayecto, logró observar un vehículo para él conocido: un camioneta Ford pick up color gris modelo 1981 con placas de circulación RW-240 del estado de Texas.

Dicha unidad era conducida por Arnoldo Arguello Piñón, con quien tenía viejas rencillas.

Aunque también se decía que existía cierta rivalidad entre ambos y que se habían declarado enemigos, luego de sostener líos por cuestiones relacionadas con actividades ilícitas.

Sin embargo, todo ello, jamás se pudo establecer nada al respecto.

El auto comenzó a seguir el recorrido de la camioneta, la cual se desplazó a la colonia Linda Vista, donde Arnoldo recogió a su amigo Ezequiel López García.

Sin percatarse de que eran observados de cerca, la camioneta enfilo entonces hacia el centro de la ciudad.

Tras realizar un recorrido por ese sector, Arnoldo detuvo la marcha de la unidad, al encontrar a sus amigos Eduardo Reséndez y Octavio García.

Luego, mientras ingerían unas cervezas, los cuatros decidieron seguir con el paseo y la diversión, sin imaginar que en torno ellos ya rondaba la tragedia.

La unidad seguía recorriendo las principales arterias del primer cuadro de la ciudad y posteriormente se dirigió por la carretera a Reynosa y al tomar el acceso a la colonia Linda Vista, entonces se percataron del auto que desde horas antes los había estado siguiendo.

El auto color blanco se emparejó con la camioneta y tras bajar la ventanilla del lado del copiloto, Eduardo González comenzó a disparar contra los tripulantes de aquella unidad.

El atentado tomó por sorpresa a los ocupantes de la camioneta, la cual detuvo su marcha bruscamente al ser alcanzado Arnoldo por uno de los  proyectiles que lo obligó a inclinarse sobre el volante.

El detonar de la pistola parecía interminable y los tripulantes de la camioneta sólo se concretaban a reclinarse hacia el frente, intentando tirarse al suelo de la reducida cabina y tratar de ponerse a salvo de la lluvia de plomo.

El auto detuvo la marcha y Eduardo sin descender, siguió disparando el resto de la carga de la pistola a través de la ventanilla.

A un lado de Arnoldo, se encontraba Ezequiel López, quien al sentir un proyectil en su pierna izquierda, comenzó a sacudir al conductor para que huyeran del lugar, pero era inútil, porque su compañero no reaccionaba.

Ante esto, Ezequiel tomó el mando de la situación, hizo a un lado a Arnoldo y sin levantar la vista, se apoderó del volante y hundió el acelerador hasta el fondo, para que el vehículo en que viajaban pudiera alejarse a toda prisa en forma accidentada del lugar de los hechos.

Los otros dos acompañantes apoderados del miedo gritaban constantemente que el mismo auto los iba siguiendo.

Ante tal situación, en forma desesperada a bordo de la camioneta estuvieron recorriendo a toda velocidad por diversos sectores de la localidad hasta que pararon en un lugar frente a donde se localizan los cinemas gemelos en la colonia Jardines de San Germán.

En ese lugar, comprobaron que ya no eran seguidos por Eduardo González.

Luego, en forma inmediata se dirigieron hasta las instalaciones de la Clínica Ochoa para tratar que se le brindara el auxilio necesario a Arnoldo y a Ezequiel.

Sin embargo, al arribo a esa institución médica, nada se pudo hacer por Arnoldo Arguello Piñón, puesto que había muerto en forma instantánea, debido a la lesión que presentaba a la altura superior de la espalda y con orificio de salida en el pecho del lado izquierdo.

Por su parte, Ezequiel López no presentaba peligro alguno, dado que el proyectil que recibió sólo se había incrustado en su pierna izquierda.

En ese momento, la Policía Judicial del Estado, al mando del entonces comandante Franklin Ramón Barrera, había iniciado la movilización de su personal, a fin de lograr la ubicación del homicida.

Sin embargo, todo resultó inútil, dado que para ese momento Eduardo González ya se encontraba en el lado americano.

Correspondió al licenciado Jesús Gómez Padrón, como agente del Ministerio Público Investigador, dar fe ministerial de los hechos.

Después de esto, el tiempo y la vida siguió su curso y poco a poco darle cauce a la normalidad.

Pese a ello, el destino había preparado más tragedias para ambas familias.

Al poco tiempo, Ovidio Arguello Piñón, el hermano mayor, fue asesinado en un estado al sur del País, sin que trascendieran los detalles de estos hechos.

Más tarde, la hermana pequeña de la dinastía Arguello Piñón, a sus quince años, tomó la fatal determinación de escapar por la puerta falsa del suicidio, ahorcándose en el interior de su domicilio.

Finalmente, uno de los sobrevivientes de esa familia, fue detenido por agentes de la Policía Judicial Federal, acusado de delitos contra la salud.

Cuatro años más tarde, a la distancia de todos estos acontecimientos, el destino se encargó de cobrar la factura ahora a la familia González Olivares.

Eduardo, Prófugo de la justicia en esta frontera, se había refugiado en Houston, Texas, donde radicaba la mayor parte de su familia.

Un fin de semana, precisamente en reunión familiar, en estado inconveniente, Eduardo llegó al domicilio de su madre.

Allí en el patio del hogar familiar, comenzó a agredir al perro guardián de la casa.

En ese instante, su hermano Arguimiro ‘Miriín’ le recriminó lo que le estaba haciendo al animal.

El reclamo molestó mucho a Eduardo, quien de entre sus ropas sacó un cuchillo y retó a su hermano.

Éste, para evitar problemas, decidió mejor ignorarlo.

Entonces, Eduardo frente a su hermano Miriín, tomó el perro entre sus brazos y de un rápido movimiento de su diestra le rebanó el cuello al animal.

Y dijo:

‘Asi te voy a matar cabrón…’

Dirigiéndose a su hermano, quien no se inmutó por la amenaza y en cambio le recriminó por lo que había hecho con su perro.

Totalmente fura de sí, Eduardo empuñando el cuchillo intentaba lanzarse contra la humanidad de Miriín.

En ese instante, la madre de ambos, al percatarse de la situación entró en acción para calmar los ánimos de los dos.

Pese a ello, para cuando la mujer se dirigía hacia su hijo Eduardo, éste queriendo matar a su hermano, se le fue encima empuñando el arma, por lo que Miriín al verse atacado, de entre sus ropas sacó una pistola que llevaba consigo y tras apuntar le hizo un solo disparo.

El proyectil dio blanco en pleno rostro de Eduardo, quien se tambaleo y cayó sin vida en los brazos de su madre.

Años más tarde, en julio de 1997, presuntamente como resultado de una venganza, otro integrante de la dinastía González Olivares, Héctor, alias ‘La Lata’, fue asesinado de dos impactos de bala calibre .45 en la espalda, disparados casi a quemarropa, cuando viajaba a bordo de un auto por en camino vecinal del poblado Rancho Nuevo, en Roma, Texas.

Los victimarios lo lanzaron desde un auto en marcha, pero Héctor siguió aferrado a la unidad y fue arrastrado por varios metros, por lo que le dispararon en la espalda en dos ocasiones, por lo que el cuerpo salió proyectado contra una toma de agua, para luego la unidad pasar por encima de su humanidad.

Inicialmente, los hechos fueron tomados por las autoridades como un atropellamiento, pero con la autopsia quedó al descubierto que presentaba impactos de bala.

A pesar de que tres de los implicados de este homicidio fueron identificados por las autoridades de Texas, hasta la fecha, los responsable son han sido detenidos por estar refugiados en algún lugar de la frontera mexicana.

Un año antes, otro de sus hermanos, Efrén González Olivares, alias “El Menso’ había sido detenido por las autoridades de Texas, en atención a un orden de extradición a solicitud de la Policía Judicial del Estado de Miguel Alemán, como responsable del doble asesinato cometido en agravio de Eliseo Canales García (a) ‘El June’ Canales y de Alfredo Cárdenas Hernández, alias ‘La Pocha”.

Dichos hechos se registraron el 26 de mayo de 1996, en el interior del domicilio marcado con el número 220 de la calle Pino Suárez del Fraccionamiento San Pedro, propiedad de Efrén González.

Los cuerpos fueron encontrados masacrados a balazos en un sector de la colonia Solidaridad, a donde tras su ejecución habían sido lanzados los cuerpos.

Luego de las investigaciones judiciales, incursionaron en el domicilio de El Menso, donde encontraron vivencias que el doble asesinato fue cometido en se lugar, dado que las paredes estaban tintas en sangre tanto en la sala como en la recámara y en el exterior de la casa.

Asimismo, se encontró un cojín perforado pro proyectiles de arma de fuego, el cual se supuso que fue utilizado para acallar los estruendos de las detonaciones.

Desde entonces inició la búsqueda del homicida, de quien se aseguraba estar refugiado en Monterrey, Nuevo León.

Sin embargo, luego de cuatro meses de andar a salto de mata, Efrén González, fue detenido por elementos de la Policía de Río Grande, Texas, cuando mantenía secuestrado durante tres días a un familiar suyo en un domicilio del poblado La Rosita, Texas.

Tras entregarse voluntariamente a las autoridades, le fincaron varios cargos por asalto y el decomiso de una pistola escuadra Colt calibre 9 milímetros, abastecida con nueve cartuchos hábiles, así como posesión de ciertas drogas o sustancias denominadas en ingles como Paraphernalia y CS analote PG.

Debido a que Efrén González contaba con pasaporte residencial, el Servicio de Inmigración determinó que esa persona era ‘non grata’ para el país, por lo que el documento migratorio fue cancelado y el detenido fue puesto a disposición de las autoridades policíacas para su deportación a México.

Una vez entregado a las autoridades judiciales de Miguel Alemán, en las inmediaciones del puente internacional, fue puesto a disposición del Juzgado Penal, el cual le dictó el auto de formal prisión por ese doble asesinato.

Quince días después de estar recluido en el penal de Miguel Alemán, un grupo de agentes judiciales procedieron a su traslado hasta el reclusorio de Ciudad Victoria, luego de conocer rumores sobre el ofrecimiento de una recompensa para victimar a González Olivares en el interior del reclusorio.

Luego de de ocho meses de encontrarse en el penal de la capital del estado, en espera de su sentencia, fue trasladado al Penal de Reynosa el 17 de febrero de 1997, pero permaneció sólo 20 días, ya que fue encontrado en su celda muerto en extrañas circunstancias, ya que presentaba un golpe en la nuca, a lo cual las autoridades penitenciarias argumentaron que aparentemente había sufrido una caída que le provocó hundimiento de cráneo.

Y aunque se presumió que podría haber sido asesinado a golpes o por una sobredosis de drogas heroicas, debido a que se le detectaron huellas o piquetes de jeringas en sus extremidades, las autoridades jamás investigaron los hechos.

Con ello, la vida había cobrado la factura.

Ambas familias quedaron a la vez atadas por el destino.

Ligadas para siempre y marcadas por el estigma de la mala muerte.

Pero sobre todo, encadenadas por la la tragedia.

 
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