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Direción: Juan Manuel Villarreal H.

Fecha:2015-01-13 Por: Juan Manuel Villarreal H. | Enlace Digital

Por Juan Manuel Villarreal H.

 

Ciudad Mier, Tamaulipas

Mayo 31 de 1992.

 

Un misterioso sujeto de edad avanzada que vestía ropas raídas, barba larga y una enredada y sucia cabellera, desde temprana hora caminaba por la explanaba de la plaza principal.

Cada vez que veía a una pareja de enamorados, se presentaba frente a ellos y les solicitaba una limosna.

Nadie nunca antes lo había visto por es lugar.

Cuando solicitaba ayuda, argumentaba que juntaba dinero par poder seguir recorriendo el mundo.

Luego, el desconocido se dirigió hasta una de las apartadas bancas del lugar, donde se hallaban Rolando Ramírez y su novia Alicia Hernández, a quienes al igual que las demás parejas les pidió dinero.

Al recibir unas monedas, el sujeto miró fijamente por unos instantes a la pareja y dijo:

“Hay que huir de aquí gente tierna que esta tierra está enferma”.

Los novios no dijeron nada y el sujeto antes de marcharse volvió a señalar:

“Este pueblo tiene algo en el aire que provoca que los jóvenes mueran temprano y por causas insignificantes”.

Aquel sujeto dio media vuelta y se alejó.

La pareja de novios siguió hablando de su relación sin darle importancia al encuentro con el desconocido.

Horas más tarde, cuando arribaron al domicilio de Alicia, antes de entrar, la novia titubeó unos minutos y finalmente se decidió a hablar lo que tenía pensado decirle ya varias veces.

“Rolando, no quiero que lo tomes a mal, pero nuestra relación no va como hubiera querido y quizás es mejor terminar de una buena vez nuestra noviazgo”.

La mujer armada de valor, había dado el primer paso y por lo tanto siguió diciendo:

“Podríamos seguir siendo amigos…Si, ya se que es difícil, pero es necesario terminar con todo esto”.

Rolando no daba crédito a lo que escuchaba. La amaba tanto como para renunciar a su amor así de un solo golpe y sobre todo, no podía aceptar cortar de un solo tajo esa relación que a él lo hacia feliz.

El novio reaccionó y dijo:

“No…No puedo y no voy a dejarte nunca, porque te quiero de verdad”.

“No hagas las cosas más difíciles Rolando, lo nuestro ya no puede ser y es mejor terminar por lo sano”.

Trataba de explicar la mujer.

Al ver que el joven no entendía razón, Alicia optó por entrar a su casa sin decir nada más.

El terminar con un amor así tan apasionado, le había dolido tanto a Rolando, que en su mente revoloteaban sus pensamientos en busca de una explicación justa, ya que no se resignaba a perder a la mujer que tanto amaba.

Los siguientes días trató por todos los medios buscar a Alicia.

Quería explicarle que la relación de ambos era única y estaba dispuesto a lo que fuera necesario con tal de salvar ese noviazgo.

Sin embargo, todo resultó inútil.

Alicia se negaba a escucharlo y simplemente le argumentaba que nada había ya que hablar al respecto, que todo había terminado y que ya no insistiera más sobre el asunto.

Incluso, la mujer repropuso que hiciera su vida con alguien más y buscara una nueva relación.

Al no encontrar el modo de hacerle comprender que la amaba de verdad, Rolando fue cambiando el amor que sentía por Alicia en odio y rencor.

No soportaría ver a su amada al lado de otro hombre.

Entonces al calor del alcohol, una noche, buscó a Alicia y al encontrarla le advirtió:

“Si no quieres volver conmigo, quiero que sepas de una vez que cuando te vea con otro, lo voy a matar enfrente de ti”.

Alicia no se imputó, ni se asustó de la amenaza que le hiciera su ex novio.

Luego se retiró y mientras se alejaba, la mujer lo miró en silencio.

Pasaron algunas semanas y todo parecía volver a la normalidad.

Aparentemente todo había quedado en el olvido.

La pareja también dejó de verse.

Leticia entonces encontró un pretendiente, quien luego de algunos días de convivencia, finalmente aceptó ser novia de Juan de la Cruz.

La noticia de la nueva relación de Alicia no tardó en llegar a oídos de Rolando, quien únicamente se concretó a morderse los labios de coraje, en tanto que una sensación de escalofrío le recorrió a lo largo de la espalda.

Recostado, con la mirada fija hacia arriba, no pudo contener que sus ojos se rasaran de lágrimas.

Luego evocó el recuerdo de su amada y al imaginarla con otro hombre, lo hizo levantarse bruscamente del lugar donde se hallaba.

Su corazón comenzó a latir con fuerza, mientras que en su pecho se contenía una emoción de intenso odio y por  instinto vino a su mente la amenaza que había hecho a su ex novia.

Entonces comenzó a buscar la manera de implementar un plan de cómo llevar a cabo la venganza que había prometido.

Para empezar, desde tiempo atrás se había hecho de una pistola tipo revolver Mágnum 357, la cual buscó y encontró oculta en uno de los cajones de su ropero.

Revisó el arma y confirmó que el cilindro estaba totalmente abastecido.

Sólo había que buscar el momento apropiado para llevar a cabo su advertencia, por lo que esperaría hasta el fin de semana, cuando las parejas tienen su encuentro en la plaza principal.

Llegó el domingo y desde temprana hora Rolando se encerró en su casa y ahí esperó pacientemente a que transcurriera el tiempo.

Ya en la tarde, antes de salir, buscó el arma y la escondió entre sus ropas.

Entre tanto, la plaza principal era escenario de un albergue de numerosas parejas y familias que gustan de pasear en ese lugar como una costumbre de muchos años.

Rolando siguió rondando por el centro de la ciudad y de vez en vez, al pasar frente a la plaza, buscaba encontrar perdidos entre la multitud a esa pareja, al tiempo en que frotaba la pistola que llevaba en la cintura.

Pasadas las nueve de la noche, pocas personas deambulaban en el lugar, por lo que no tardó en localizar a su ex novia acompañada de su galán.

Detrás de la pareja, caminaban José Luis Gómez y Ramiro Ruiz, amigos de Juan de la Cruz, novio de Alicia.

Por su parte, Rolando comenzó a caminar en sentido contrario desde el otro extremo de la plaza hasta finalmente encontrarse de frente con la feliz pareja.

Sin decir ni una sola palabra, Rolando se concretó a sacar de un rápido movimiento su pistola y disparar contra la humanidad de Juan de la Cruz.

Tras recibir casi a quemarropa el primer impacto, el joven cayó hacia atrás y el agresor siguió avanzando hasta donde se hallaba mal herido su rival de amores y le disparó otras cuatro ocasiones más, cuyos impactos hacían que su cuerpo se estremeciera al recibir cada fogonazo.

Dos de los proyectiles dieron a la altura del hombro derecho, dos más sobre el costado izquierdo y otro en el cuello, el cual fue el que causó mayor daño.

La histeria se apoderó de inmediato de los presentes, mientras que la ex novia no podía creer que Rolando hubiese cumplido la amenaza.

En ese momento, Rolando antes de huir del lugar de los hechos, miró fijamente a Alicia y en silencio se dio media vuelta y comenzó a correr.

Por su parte, los amigos de Juan de la Cruz, lo levantaron aún con vida y cuando lo trasladaban hasta una clínica particular del municipio de Miguel Alemán, hacían lo posible por tapar las heridas por donde fluían enormes cantidades de sangre.

El herido alcanzó a llegar con vida a la Clínica Ochoa y pese a los esfuerzos del personal médico, no pudieron salvarle la vida.

Media hora más tarde, la Policía Judicial del Estado, recibió la confirmación de que dicha persona había muerto, por lo que ya los agentes de la corporación realizaban la búsqueda del homicida.

Alicia reveló a las autoridades la identidad del asesino y proporcionó las características de cómo vestía su ex novio a fin de facilitar su captura.

Sin embargo, la búsqueda no duró mucho tiempo.

Unas horas más tarde, al amanecer, el cuerpo sin vida de Rolando fue hallado colgado en lo alto de un de las torres de alta tensión de la Comisión Federal de Electricidad localizadas a un costado del libramiento a Monterrey.

Se había quitado la vida ahorcándose.

No dejó carta póstuma y en uno de sus bolsillos sólo se encontró un casquillo y un proyectil calibre .357.

El agente del Ministerio Público Investigador, licenciado José Iván Mancías Hinojosa y el jefe de grupo de la Policía Judicial del Estado, Carlos González Pamatz se constituyeron en el lugar del macabro hallazgo, donde fue confirmada la identidad del homicida, quien luego de ultimar a su rival de amores, se había suicidado de esa singular manera.

El velo del misterio en torno a lo que sucede en ese pueblo, volvió a presentarse de esta manera tan trágica y violenta que dejó como saldo de dos muertes inútiles.

Y sobre todo, por el amor de una mujer.

 
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