Reynosa , Tamaulipas , Mx Año 1 Jueves , 22 de Febrero del , 2018
Inicio
Direción: Juan Manuel Villarreal H.

Fecha:2015-02-18 Por: Juan Manuel Villarreal H. | Enlace Digital

Por Juan Manuel Villarreal H.

 

Reynosa, Tamaulipas

Febrero 14 de 1978.

 

La fiesta había iniciado horas antes y ya los presentes animaban el ambiente.

Con frecuencia se organizaba ese tipo de reuniones a las que se daban cita personalidades artísticas y del mundo del boxeo, dado que su organizador se desempeñaba como promotor de espectáculos.

Gumaro Vázquez observó a sus invitados al momento en que daba un sorbo a su bebida.

En ese instante analizó su situación.

En poco tiempo había logrado salir de la extrema pobreza y ahora podía darse todos los lujos y las comodidades que deseaba.

Recordó cuando había dejado su tierra natal del municipio de Díaz Ordaz para internarse de ilegal en los Estados Unidos atraído por el espejismo del dólar.

En ese tiempo, no había otro camino más promisorio que el emigrar en busca de mejores oportunidades.

Sin embargo, en ese entonces no logró sus propósitos, debido a que el mismo día fue detenido por el Departamento de Inmigración de los Estados Unidos.

En esa ocasión, estuvo preso varios días en espera de su deportación hacia México.

Esa situación, quizás había sido determinante, porque durante su estadía en esa cárcel cambió su vida por completo.

En ese lugar, conoció a un personaje, quien le prometió que una vez en libertad lo ayudaría a sobresalir.

Al retronar a Díaz Ordaz, ya no recordaba la promesa de aquel compañero de celda.

Su meta estaba enfocada en cumplir su sueño de niño: ser artista.

Para ello, cantaba en fiestas y reuniones e incluso, llegó a integrarse en un Mariachi en el municipio de Miguel Alemán.

Pese a sus esfuerzos para salir adelante, la vida se portaba ruda con él.

Luego, un día de tantos, apareció en su domicilio aquel que había prometido ayudarlo.

Y lo cumplió.

El personaje le propuso comprarle toda la droga que pudiera hacerse, siempre y cuando se la entregara en el lado americano.

A la vez, le entregó un grueso fajo de billetes en dólares para que se iniciara en esas actividades.

En pocos días, logró un contacto con quien realizar las transacciones de compra venta de mariguana.

Poco a poco, el dinero comenzó a fluir en grandes cantidades y de la noche a la mañana, Gumaro Vázquez comenzó a figurar, primero localmente y posteriormente su fama se fue extendiendo hasta el resto de la región ribereña, donde el amo y señor en esas actividades era nada menos que un sujeto de apodo “El Gorra Prieta”.

Sin embargo, tras sobrevenir en forma inesperado el asesinato de “El Gorra Prieta”, su lugar fue ocupado en forma inmediata por Gumaro, quien con ese suceso fortuito, sus dominios se extendieron desde Nueva Ciudad Guerrero hasta Reynosa.

Con esto, además de ser considerado como uno de los más poderosos, trajo consigo también la envidia de sus enemigos, que a la vez aspiraban a controlar el tráfico de drogas a lo largo de la región norte de Tamaulipas.

Gumaro Vázquez entonces recordó que para disfrazar el origen de su fortuna se convirtió en promotor artístico y organizaba presentaciones de artistas famosos y funciones de box.

Incluso, pagó sus producciones para la grabación de algunos de sus discos.

Con fama y la fortuna que poseía, le era irresistible dejar de asistir a centros nocturnos y sobrellevar continuas parrandas.

Semanas antes, cuando se divertía en el antro de vicio denominado “Boom-Boom”, se topó con José González, un narco que llevaba varios años en el negocio ilícito en la región ribereña.

Al encontrarse frente a frente y sostener una agria discusión sobrevino un altercado entre ambos, saliendo airoso Gumaro Vázquez, quien al sostener un enfrentamiento a balazos, logró salir ileso del lugar, en tanto que el atacante resultó herido, al igual que uno de sus pistoleros.

En ese entonces, su influencia le permitió no pisar la cárcel, al igual que en otros hechos similares.

Por su parte, José González, dolido por la agresión, decidió que eliminar a Gumaro era la única solución para vengarse y poder a la vez, asumir el control del tráfico de estupefacientes.

Para ello, contrató a Jaime Dávila, un matón a sueldo, quien llevaba una larga lista de asesinatos por paga.

Semanas después, Jaime Dávila junto con una mujer no identificada, tenían listo su plan para emboscar a Gumaro Vázquez.

Las notas de la última canción marcó el final de la fiesta y los asistentes comenzaron a despedirse.

En unos cuantos minutos, la residencia marcada con el número 1605 de la calle López Mateos en la colonia Vicente Guerrero, quedó completamente  vacía.

Eran poco más de las diez de la noche y Gumaro decidió ir a visitar a su pareja, hija de un conocido médico y propietario de una radiodifusora en el municipio de Miguel Alemán.

Sumido en sus pensamientos, se acomodó su pistola escuadra calibre .45 y al revisar bajo el asiento , comprobó que estaba su inseparable metralleta y puso en marcha su auto Buick modelo 1977 con placas de circulación NWF-101 del estado de Texas.

Había recorrido algunos metros cuando un auto VW color negro le hizo una seña con las luces, por lo que tal vez, imaginando que se trataba de alguna persona conocida, detuvo la marcha de su vehículo.

Los tripulantes de aquella unidad descendieron y sin decir palabra, ambos comenzaron a accionar sus armas en contra de la humanidad de Gumaro, quien no alcanzó a repeler la agresión.

El cuerpo de Gumaro recibió cinco impactos de bala calibre 9 milímetros y otros tanto calibre .25.

Los proyectiles disparados de izquierda a derecha destrozaron los cristales lateral y delantero, los cuales, dos de ellos atravesaron su cuello, otro más entró por una oreja con orificio de salida en el lado contrario, uno más dio blanco en la tetilla izquierda y finalmente uno en el costado del mismo lado.

Luego, los asesinos lo despojaron de sus joyas, dinero y las armas de fuego que llevaba consigo.

Antes de que se diera aviso a las autoridades judiciales, el cuerpo sin vida de Gumaro  permaneció a bordo de la unidad por espacio de casi media hora, aún con el motor en marcha y las luces encendidas.

Un taxista que pasaba por el lugar, se percató de lo ocurrido y se dirigió primero hasta donde se localizaba la negociación denominada “Auto Café Fiesta”, pero debido a que no contaban con teléfono, acudió a la gasolinera que se ubica contigua a ese restaurante, desde donde denunció los hechos.

Pese a la movilización policíaca, no se logró, en ese momento, ni nunca, la aprehensión de los asesinos.

Tal y como estaba planeado, con la muerte de Gumaro, José González se alzó sobre todos los demás aspirantes a mantener el poder y el control sobre el tráfico de drogas a lo largo de la frontera del estado.

Erasmo García, quien también pretendía ocupar el lugar vacante de Gumaro, al verse perdido, ofreció asociarse con González.

Sin embargo, la sociedad de ambos duró muy poco.

Ambos se reclamaban en forma constante sobre supuestos ganes de droga y a raíz de ello, surgieron serias diferencias entre ellos.

No había más remedio, pero uno de ellos salía sobrando en el negocio.

Por tal motivo, Erasmo García, determinó que lo correcto era eliminar a su ex socio.

Para ello, localizó a Jaime Dávila, precisamente quien había asesinado a Gumaro para que se hiciera cargo de la muerte de su ex patrón José González.

Y así lo hizo.

Tras estarlo cazando por algunos días, finalmente González cayó en una emboscada y a mansalva le disparó en repetidas ocasiones para dar cumplimiento a su encargo.

Por lo que respecta a Erasmo García, no pudo disfrutar mucho de su éxito, debido a que fue detenido por las autoridades de Estados Unidos, sin conocerse con exactitud porque delitos y fue sentenciado a una larga condena en prisión.

Un tiempo después, la vida delictiva y criminal de Jaime Dávila terminó en forma violenta como era de esperarse.

Pistoleros profesionales cegaron su vida y la de su esposa, cuando ambos viajaban en un auto a lo largo de la autopista Monterrey-Saltillo.

Ambos cuerpos fueron acribillados con saña inaudita por parte de sus ejecutores.

De ese doble asesinato, las autoridades judiciales jamás supieron nada al respecto, pero por la forma en se cometió, se aseguró ser un ajuste de cuentas propias relacionadas con el mundo del hampa.

Y es que en esta vida es bien sabido que sangre, sólo se paga con sangre.

 
Mail: contactoenlacedigital@gmail.com