Ciudad Victoria
* Tras la captura de Octavio Moncada, la diputada Silvia Chávez intentó deslindarse de la Columna Cívica, pero terminó destapando una realidad más incómoda: confesó que no podía entrar a municipios donde Morena terminó obteniendo hasta el 90 por ciento de la votación.
Por Martín Díaz / Periodismo con Firma
Ciudad Victoria, Tam.- Vergonzoso y revelador. Así fue el espectáculo de nerviosismo que ofreció en el Congreso de Tamaulipas la diputada local de Morena por el Distrito 13, Silvia Isabel Chávez Garay. Acorralada por la prensa sobre sus nexos con Octavio Moncada —el líder de la Columna Cívica "Pedro J. Méndez", hoy tras las rejas—, la legisladora optó por la salida clásica: negar tres veces antes de que cante el gallo. Juró que su triunfo fue limpio, producto exclusivo de su caminata "casa por casa" en el distrito con cabecera en San Fernando.
Pero en el intento por desmarcarse terminó confesando algo infinitamente más grave. Admitió que hubo municipios de su propio distrito donde ella simplemente no podía entrar. "Nosotros no teníamos permiso para entrar. Fue una indicación relacionada con Seguridad Pública", declaró.
No la dijo un dirigente de oposición. No la denunció un candidato derrotado. No la publicó un medio de comunicación. La pronunció una diputada del partido gobernante. Y cuando una representante popular reconoce que hubo municipios de su distrito donde no pudo hacer campaña porque no tenía "permiso" para entrar, la discusión deja de ser sobre Octavio Moncada y se convierte en una pregunta mucho más delicada: ¿quién ejercía realmente el control de ese territorio?
Si la propia candidata de Morena necesitaba autorización para ingresar a San Carlos y San Nicolás, ¿quién decidía quién podía hacer campaña y quién no? ¿Cómo puede hablarse de una contienda en igualdad de condiciones cuando una de las propias participantes reconoce públicamente que hubo municipios a los que no pudo ingresar?
Lo más inquietante no es únicamente la confesión, sino el momento en que decidió hacerla. Durante la campaña guardó silencio. Nunca denunció públicamente que había municipios donde no podía entrar. Nunca pidió garantías para recorrerlos ni alertó a las autoridades electorales sobre una situación que, de ser cierta, comprometía las condiciones mismas de la competencia. La revelación llegó después de la elección, cuando la curul ya estaba asegurada.
Esa confesión adquiere una dimensión distinta cuando se revisan los resultados electorales de esos mismos municipios. De acuerdo con el Programa de Resultados Electorales Preliminares (PREP) del IETAM, en la cabecera distrital, San Fernando, donde sí realizó campaña y hubo competencia abierta, Morena ganó apenas por 470 votos: 48.57 por ciento frente al 46.34 por ciento de la coalición PAN-PRI.
En contraste, en los municipios donde la propia diputada reconoció que no pudo hacer campaña, los resultados fueron ampliamente favorables para su partido. En San Carlos, Morena obtuvo el 74.68 por ciento de la votación; en Hidalgo alcanzó el 90.10 por ciento.
Los resultados, por sí solos, no explican una elección ni permiten sacar conclusiones definitivas. Lo que sí hacen es volver todavía más relevante la declaración de Silvia Chávez. Porque si una candidata reconoce que hubo municipios donde no pudo pedir el voto, resulta inevitable preguntarse qué factores explican una diferencia tan marcada respecto del resto del distrito. El problema ya no son únicamente los porcentajes; el problema es que esos porcentajes corresponden precisamente a los municipios donde la propia diputada admite que nunca pudo hacer campaña.
Como en el pasaje bíblico, aquí también hubo un momento para guardar silencio y otro para deslindarse. Mientras el escenario permanecía intacto, la diputada nunca habló de municipios donde no podía entrar. La revelación llegó únicamente cuando la caída de Octavio Moncada convirtió ese silencio en una carga política.
Ahí aparece el verdadero beso de Judas.
No porque hoy intente desconocer a un personaje incómodo, sino porque, al tratar de salvarse del costo político de esa relación, terminó entregando una verdad mucho más delicada: la admisión pública de que hubo municipios donde una candidata del partido gobernante no podía hacer campaña.
Hoy Silvia Isabel Chávez Garay cobra como legisladora. Pero que no se equivoque: su curul no representa la voluntad de los ciudadanos de San Carlos o San Nicolás. Representa, en realidad, el recordatorio diario de que la simulación política prefiere pactar el silencio con el diablo, con tal de aferrarse al poder. Al final, la diputada tiene razón en algo: para entrar a esos municipios se necesita permiso; lo que olvidó mencionar es que ella, al parecer, entró al Congreso gracias a los dueños de esa misma puerta.
Ahí están los hechos. Que cada quien saque sus conclusiones.