Ciudad Victoria
Por Javier Rosales Ortiz
LALO BUENO Y UNO FEO Y MALO
Para que mezclar temas, pero se vale, porque uno se entrega en tiempo completo para ascender en lo que al servicio público se refiere y también en la política, mientras que otro fue poco admirado y, que además se diga, aborrecido por los garrafales errores y abusos que cometió en el México de antaño.
Parece que eso no tiene relación, pero a finales de los 80 de casualidad me toco conocerlo de frente a la puerta de un lujoso hotel en la calle Juárez del DF, donde un grupo de estudiantes de periodismo de la UNAM mataban el tiempo ociosos, vestidos con la playera y la gorra de los Pumas, como debe de ser.
Y allí, en la puerta de ese hotel, se estaciono un autobús muy llamativo custodiado por varias patrullas en pleno mediodía, obstaculizando el paso peatonal, del cual descendieron varios escoltas gordos, prietos y más feos que un gorila, en vivo.
Miraron para todos lados y se dirigieron a nosotros. Se acercaron y los estudiantes se tomaron de los brazos para cerrar fila, porque temían que algo pudiera suceder. “Quítense la gorra”, nos ordenaron, pero los universitarios nos resistimos, porque pensábamos que en ese autobús viajaba de perdido la famosa cantante Madonna, pero se trataba de un personaje poco agraciado y muy alejado del carisma que aun presume la veterana estrella del espectáculo pop.
Los escoltas se aproximaron amenazantes al grupo de universitarios y a sus espaldas se escuchó una voz masculina que les dio una orden que los detuvo en seco. Era nada menos que Arturo “El Negro” Durazo Moreno, quien por feo casi no hace correr, huir del lugar.
Paso frente a nosotros vestido como militar mexicano con estrellas por todos lados y nos miró rápido como con desdén, como si “Los Pumas” no fuéramos de su agrado por internarse en una aventura escolar que enseña a fulminar “el sope“ que, impide el avance.
Iban y venían entre nosotros comentarios sobre aquel chusco incidente y la conclusión fue que ese señor si era feo y subió al poder por ser compadre del ex presidente José López Portillo, quien entre 1976 y 1982 lo convirtió en General de División y otros rangos, que para nada le acomodaban.
Y para que hablar de la lujosa construcción del Partenón de Zihuatanejo, de su detención, de su huida al extranjero y su liberación por su precaria salud, si hay otras cosas más relevantes.
Por ejemplo, que ahora existen allá personajes que se rozan con alcaldes y con el pueblo, sin tanto circo, maroma y teatro, como el munícipe de Ciudad Victoria, Tamaulipas, Eduardo Gattas Báez, como lo son la embajadora de Francia en México, Delphine Borione, con el ex presidente del Consejo Coordinador Empresarial, Francisco Cervantes y su esposa Elena Palacios y con Carlos Slim Helú, quien tiene suma influencia en el desarrollo económico de este país.
Qué bueno que a “Lalo” no le toco codearse con generales balines y de escaso estudio y que mejor que busque los canales allá en la capital del país para llevar obra a su lindo terruño que hoy impulsa y en el cual puede seguir así pero en el distrito quinto de Tamaulipas.
Las fotografías no mienten y, allí están.
A su disposición.
Correo electrónico: tecnico.lobo1@gmail.com