Reynosa
Por Edy Pintor
En Tamaulipas no se juega a la politiquería…
La frontera, especialmente la frontera tamaulipeca, es un territorio donde el poder no se presume. Aqui, simplemente se ejerce.
La frontera tamaulipeca pertenece a esta especial y sui generis categoría.
Aquí nada ocurre por accidente. Todo tiene un tiempo, un orden y un silencio.
Bajo el sol transitan los discursos, las conferencias de prensa, las fotografías y las promesas. Pero cuando cae la noche, comienza otra historia.
Una historia que no suele escribirse en los boletines oficiales.
Porque toda frontera tiene dos rostros y especialmente la tamaulipeca.
El que todos observan y el que casi nadie se atreve a mirar.
Esta franja, la última frontera de Estados Unidos con América Latina, es mucho más que una línea sobre un mapa. Es una arteria por donde circulan mercancías, inversiones, industrias, empleos, aduanas, puertos, ferrocarriles, carreteras y millones de decisiones que mueven economías enteras.
Pero toda gran riqueza, como la de Tamaulipas, proyecta una sombra. Y las sombras siempre encuentran quién las habite.
Tamaulipas quizá no decida electoralmente por sí solo una elección presidencial y ni siquiera es relevante en la aportación de votos, pero nadie que conozca el peso económico de esta frontera se atrevería a minimizar su importancia.
Aquí convergen intereses enormes. Empresariales. Comerciales. Industriales. Aduanales. Marítimos. Políticos. Todos gravitan sobre el mismo territorio.
Y cuando tantos intereses ocupan el mismo espacio… el silencio suele valer más que los discursos.
Desde Nuevo Laredo, Guerrero, Mier, Miguel Alemán, Camargo, Gustavo Díaz Ordaz, Reynosa, Río Bravo, Valle Hermoso, y Matamoros, la frontera no vive únicamente de la competencia política. Vive del delicado equilibrio entre quienes buscan influir, negociar, convencer o conservar espacios de poder.
Porque el hueco de poder nunca está vacío. Siempre hay alguien o algo llenándolo.
Lo visible suele estar perfectamente documentado. Se registra. Se fiscaliza. Se cuenta.
Lo invisible jamás pasa por una ventanilla.
Y, precisamente por no verse, muchas veces termina pesando más.
Los grandes intereses rara vez necesitan hacer ruido. Esos, se esperan.
La oscuridad, en cambio, le digo yo a usted: nunca duerme.
Trabaja cuando las luces se apagan. Se desliza entre los callejones del silencio, donde las palabras dejan de importar y comienzan a hablar las decisiones. En otras palabras: el mal trabaja en la noche…
La oscuridad le vuelvo a decir yo a usted, habita las penumbras, donde nadie aplaude, donde nadie pregunta y donde casi nadie mira.
Ese es el escenario que rara vez aparece en las fotografías de campaña.
Los verdaderos intereses no siempre están frente a las cámaras, sino que casi siempre, permanecen detrás del telón, esperando el momento exacto para mover una pieza o varias y, cambiar toda la partida y el juego.
Y quizá por eso hay episodios que permanecen suspendidos entre las preguntas y el silencio. Ahí sigue, sin una explicación pública definitiva, la desaparición del exfuncionario municipal de Reynosa, Eric Stanford. Ahí permanece también el hallazgo de una presunta refinería clandestina en Reynosa, donde las autoridades aseguraron miles de litros de combustible y equipo para su procesamiento. Son asuntos distintos, cada uno con su propia investigación, pero ambos recuerdan que aún existen capítulos sin cerrar y respuestas que la sociedad sigue esperando.
Esa es, precisamente, la naturaleza de una frontera donde convergen intereses demasiado grandes para ignorarse. Ahí es donde los poderes fácticos, los intereses económicos, las estructuras de influencia y los equipos que rodean a cada actor político terminan proyectando una sombra que siempre acompaña al poder.
Al final de cuentas, los nombres cambian, los cargos se renuevan y los colores partidistas se sustituyen unos a otros, pero los grandes intereses que gravitan sobre la frontera suelen permanecer.
Y mientras la frontera siga siendo la puerta estratégica entre dos naciones, la oscuridad seguirá encontrando razones para esperar.
La frontera espera y no tiene prisa.
La noche siempre vuelve.
Y con ella, sus sombras y penumbras de la gran frontera tamaulipeca…
…aquí no se juega a la politiquería
Mi nombre es Pintor, Edy Pintor, y esto es… EDYTORIALES.