Reynosa
Por José Ángel Solorio Martínez
Final esperado
El empecinamiento por reelegirse de la alcaldesa de Tampico, Tamaulipas, Mónica Villareal Anaya, pone en un predicamento a su hermano el gobernador, Américo Villarreal Anaya. Primero porque sería una grave práctica de nepotismo; segundo, porque muestra una evidente fragilidad como candidata por su desaseado paso al frente del ayuntamiento que transformó en fuente de enriquecimiento familiar -esposo, exesposo, hijos, yernos, nueras y entenados- podría perder ante un PAN porteño poderoso y tercero: por el legado desastroso en la ciudad que de ser la metrópoli del estado más desarrollada pasó a ser un ejemplo de colapso de los servicios públicos.
La realidad, es más contundente que la laxitud de la ley que se aplazó en su aplicación hasta el 2030 por las rémoras y parásitos -PV y PT- que se amamantan de la ubre de MORENA: el hecho -la reelección de Mónica- sería un alto costo político para el gobernador.
Y más cuando su figura no es lo más respetada en la ciudad que se le encomendó gobernar.
Su último tropiezo político, fue el intento de privatizar la Preparatoria Francisco Medina Cedillo. Miles de ciudadanos, se rebelaron a una decisión que se tomó sin el consenso de la comunidad de la institución que por más de 70 años educó a la juventud de la región.
Otro error garrafal, de los líderes -nominales y factuales- de MORENA, ha sido la inhibición de la emergencia de nuevos cuadros políticos. Dar preeminencia a familiares en cargos de autoridad, canceló la consolidación de una nueva generación de reemplazo en la red de poder local.
En Tampico, con la llegada de Mónica, toda su descendencia y sus parejas, monopolizaron los espacios en el ayuntamiento dándole a la red de mando municipal escasa o nula permeabilidad.
No dejaron expresarse, el más mínimo asomo de saludable ósmosis en las diversas áreas de gobierno.
El resultado: la familia fue la única entidad que ejerció el gobierno local.
¿Qué consecuencias trajo esa obtusa política?
Sólo el que no tiene ojos no lo ve: irritación entre la clase política de MORENA en particular, y de la oposición en lo general. Ese monopolio de poder en presidencia arrastró lo que ahora vemos: deficiencia en la operación de la autoridad, corrupción galopante, pésimo humor social en diferentes capas de la sociedad tampiqueña y una oposición -PAN- fortalecida y legitimada por tanta pifia de la alcaldesa.
El ingeniero Américo Villarreal Guerra, en sus tiempos de gobernador, se armó de valor y arrinconó al hermano Emilio, en su domicilio a tareas insignificantes. Y vaya que intentó influir y ser candidato.
Villarreal Guerra, se apoyó en un gabinete potente que enfrió cualquier intento de Emilio por interferir en el gobierno.
Lamentablemente, hoy, no tenemos ese escenario.
No esperen un final feliz de sexenio.
Es prospectiva, no especulación: veremos un corolario, peor que el que vive Cabeza de Vaca.