Altamira
* Cinco años consecutivos, cinco Premios Tonantzin para la presidenta del DIF Altamira. Las fotografías abundan en redes; las facturas de viajes, hospedaje y posibles aportaciones siguen sin aparecer.
Por Martín Díaz / Periodismo con Firma
Altamira, Tam.- Rossy Luque de Martínez, esposa del alcalde de Altamira, Armando Martínez Manríquez, acaba de recibir por quinto año consecutivo el Premio Internacional Tonantzin.
Debe ser una mujer excepcionalmente premiable.
Cinco años consecutivos significan también cinco ceremonias fuera de Altamira. Traslados, hospedajes, alimentos y viáticos alrededor de viajes en los que, en distintas ediciones, la presidenta del DIF ha aparecido acompañada por su esposo y otros integrantes de su familia.
Y eso cuesta.
Un viaje de estas características para varias personas fácilmente representa decenas de miles de pesos. Repetido durante cinco años, el costo acumulado puede alcanzar cientos de miles de pesos, aun sin considerar cualquier posible cuota, seminario, membresía o donativo relacionado con las entregas.
Las fotografías están en las redes oficiales; las facturas no.
El Instituto Mejores Gobernantes, encargado de entregar el galardón, sostiene en su plataforma oficial que resultar ganador es un proceso “libre de todo gasto e inversión”.
Sin embargo, el propio organismo reconoce que sus actividades se financian mediante membresías, patrocinios, donativos en especie y lo que denomina “donativo de participación”: una cuota aportada por participantes de sus cursos de formación y asistentes a sus eventos anuales.
Tras cinco reconocimientos consecutivos para la esposa del presidente municipal, transparentar la relación económica entre el Ayuntamiento, el DIF Altamira y el organismo que los otorga debería ser un acto elemental de rendición de cuentas.
La pregunta es sencilla: ¿el Ayuntamiento, el DIF, Rossy Luque o alguno de sus acompañantes pagaron membresías, patrocinios, donativos, cuotas de participación, inscripciones, viajes, hospedajes o cualquier otro gasto relacionado con esos eventos?
Porque mientras no aparezcan las facturas completas, cualquiera podría sospechar que tanta coincidencia no es producto único de los méritos de la galardonada, sino también de la generosidad de los presupuestos públicos.
Cinco años después hay material de sobra para la duda: cinco premios, cinco viajes con comitiva y una organización que reconoce financiar sus actividades mediante membresías, patrocinios, donativos y cuotas de participación.
Mientras tanto, en el DIF Altamira, las familias hacen fila todos los días en busca de medicamentos, alimentos, terapias, sillas de ruedas y aparatos funcionales. Ahí, un par de miles de pesos en viáticos de representación sí hacen la diferencia.
Las fotografías del premio ya las conocemos. Las facturas todavía no.
Ahí están los hechos. Que cada quien saque sus conclusiones.