Reynosa
Por José Ángel Solorio Martínez
La doble nacionalidad
¿Es un exceso político de la presidenta, Claudia Sheinbaum Pardo, legislar y definir el papel de la doble nacionalidad, sobre todo en cargos como las gubernaturas y la presidencia de la república?
No, no lo es.
Con todo y que lo parezca.
Sheinbaum está poniendo la vista en el futuro y los evidentes retrocesos en diversos países de Latinoamérica. Ya no son las mayorías las que definen: hoy las élites pro-norteamericanas antipatriotas y entreguistas han triunfado, no por su arraigo popular, sino por la ayuda externa del imperio.
Se necesita ser una insensible, para no ver lo que pasa en Argentina, Venezuela, en la nueva Colombia, Ecuador, Chile, El Salvador. La intromisión de los norteamericanos, en esos lugares, para instalar presidentes mediante golpes de estado blandos -manipulación electoral digital y la operación de guerras cibernéticas- y acceder a los recursos naturales de esos pueblos y a los hilos de manipulación de sus gobiernos.
En la totalidad de las naciones que ahora dominan las derechas, han entregado a países ajenos, hasta su territorio; el gobierno de Argentina regaló parte de su geografía a los israelíes (Dejemos por lo pronto la devastadora economía, en que Milei metió a los argentinos para no salirnos del tema).
O Colombia, que ya se presta a donar parte de su país a los EUA para la instalación de bases militares; que usualmente, son fuente de desestabilización política en países progresistas.
La presidenta se está tomando en serio el tema.
EUA no le interesa que un delincuente, un narco, un contrabandista o un asesino, gobierne México; eso les vale menos que un cacahuate. Le importa, que sea su amigo y que gobierne en los meridianos que le delimite Washington.
A eso le apuesta Francisco García Cabeza de Vaca. Saca lo mejor de las dos nacionalidades: delinque aquí y desde EUA -aparte de servir de informante para entes del Deep estate- grita su ciudadanía gringa; desea ser candidato, presume de su mexicanidad.
Esa perversión del derecho es lo que trata de evitar la presidenta.
En su praxis política Cabeza de Vaca, jamás externó su vocación patriótica con el país que le dio la oportunidad de ocupar cargos desde alcalde a gobernador. Al contrario: le fascinaba tomarse fotos con autoridades norteamericanas y presumirlas como si fuera un orgullo ser acompañado por esos personajes.
Se habla de que podría vulnerar el derecho de unos cuantos mexicanos el decreto que viene.
Efectivamente: pero ¿quién protege a millones de mexicanos, de ser gobernados por un personaje, ambiguo, de dobles principios, de doble moral?
Las nacionalidades no se renuncian. Incluso algunos estados, reclaman como suyos a ciudadanos que naciendo en otro país son hijos de connacionales.
¿Es ilegal cancelar un derecho de las élites, para garantizar la posibilidad de poder elegir a un presidente plenamente mexicano?